El pasado 5 de mayo, la organización internacional Freemuse presentó su informe anual State of Artistic Freedom 2025, bajo el título “Art is the opposite of war”. En sus 88 páginas se documentan amenazas, censura, encarcelamientos y agresiones sufridas por artistas durante el año 2024, un período marcado por conflictos armados, elecciones masivas y una creciente ola de control autoritario. El documento ofrece un análisis profundo sobre la represión cultural en decenas de países.
Freemuse, con sede en Copenhague, es una organización que desde hace más de dos décadas defiende la libertad de expresión artística a nivel global. Sus informes anuales se han convertido en una referencia fundamental para organismos como la ONU, Amnistía Internacional y redes de artistas, ya que documentan con datos y testimonios lo que muchas veces queda silenciado.
Desde Artemagnum, compartimos aquí un resumen de los principales hallazgos, con la intención de invitar a su lectura completa. Porque proteger la creación artística es defender el derecho a imaginar, a cuestionar y a resistir.
2024: un año de guerras, elecciones y represión cultural
El informe registra cómo, en un contexto marcado por la guerra en Gaza, el prolongado conflicto en Ucrania y un récord de elecciones en más de 70 países, los artistas fueron una vez más blanco de persecución, censura e incluso encarcelamiento.
En países como Irán, Afganistán, Venezuela, Nigeria, Cuba, China, o Rusia, artistas fueron condenados por motivos que van desde la sátira hasta la defensa de los derechos básicos. En muchos casos, enfrentan detenciones arbitrarias, procesos judiciales opacos o directamente la cárcel por ejercer su derecho a expresarse.
La censura no es solo cosa de regímenes autoritarios
El informe de Freemuse también subraya un fenómeno alarmante: el crecimiento de la autocensura y la presión institucional incluso en países democráticos en Europa y América. Asimismo, leyes como la de “agentes extranjeros”, replicadas desde Rusia hacia Hungría, Georgia y Eslovaquia, están siendo usadas para estigmatizar a creadores como “traidores”, afectando su financiación y visibilidad.
Religión y control moral
El informe detalla cómo los ataques a la libertad artística se intensifican cuando intersectan con cuestiones de género, religión o sexualidad. Casos como el de Afganistán, donde la música está prohibida y las mujeres tienen vetado incluso cantar en voz alta, o el de artistas encarceladas en Irán por participar en protestas o cantar sin velo, revelan el profundo vínculo entre libertad artística y libertad personal.
Resistencia creativa
Sin embargo, el informe también ilumina la otra cara: la persistencia de la creación como forma de resistencia. Desde colectivos clandestinos en Kabul hasta músicos en el exilio o artistas que exponen desde la cárcel, la voluntad de crear persiste incluso en los contextos más represivos.
Como dice la ceramista libanesa Nathalie Khayat al inicio del informe: “El arte es lo opuesto a la guerra. Necesito crear mientras el mundo a mi alrededor se destruye.”
Un llamado urgente
Freemuse concluye con un llamado claro: los Estados deben proteger la libertad artística como un componente esencial de los derechos humanos. Las instituciones culturales deben actuar no solo como espacios de exhibición, sino también como agentes de vigilancia, denuncia y apoyo. Y los artistas, como siempre, seguirán siendo faros de resistencia frente al autoritarismo incluso en Estados democráticos.
Lee el informe completo en freemuse.org





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