El ser humano es un animal político. Así lo postuló Aristóteles en el libro I de su Política, quizás el libro que más ha influenciado en la construcción de gobiernos en occidente. Si consideramos esta afirmación como punto de partida, entendemos a la política como una actividad, llamémosle, biológicamente ligada al ser humano, ya que…
El ser humano es un animal político. Así lo postuló Aristóteles en el libro I de su Política, quizás el libro que más ha influenciado en la construcción de gobiernos en occidente. Si consideramos esta afirmación como punto de partida, entendemos a la política como una actividad, llamémosle, biológicamente ligada al ser humano, ya que somos el único animal que maneja los conocimientos teoréticos, dóxicos y pragmáticos como herramientas que nos distinguen de otros seres vivos que viven en sociedades. Con estos conocimientos el ser humano puede crear ciencia, filosofía, arte y establecer sociedades avanzadas, crear leyes y modificarlas en busca del bienestar común, de forma local o, incluso, llegando en la actualidad a parámetros globales.
Entonces esta particular condición humana de hacer política sería, inherente a su constitución biológica como parte clave de su supervivencia, transmitida genéticamente y siendo también instituida históricamente donde fuera que se reúna un grupo seres humanos. Los acuerdos liberados entre estos grupos humanos conformaron una comunidad política, la cual siempre ha tenido como objetivo la obtención de determinados intereses comunes. La toma de decisiones para llegar a estas metas, que afectan directamente a todo el grupo, ha sido tomada por líderes y esto puede verse desde el ámbito doméstico de una familia, dentro de una casa, donde la persona o las personas que tienen el mando obran de determinada manera para administrar sus bienes o enfocar la educación de sus hijos proyectándose al futuro. Esta es una política doméstica básica y su estructura se amplía en comunidades más grandes, donde, para dirigir a toda esta población, existen gobernantes que aplican medidas en beneficio de toda su sociedad.
En el mundo moderno la administración de estos grupos y su forma de organización dentro de un determinado territorio pertenece al Estado, quien cumple un papel de gestor del interés colectivo. Con la aplicación de la democracia esta población, enmarcada en un territorio, podría elegir a estos gobernantes que tendrían distintas formas de llegar al bien común. Estos postulantes al gobierno se agrupan en partidos políticos y en teoría cada ser humano tendríamos la libertad de elegir a cuál de ellos seguir. Por lo tanto, cada ser humano, desde su nacimiento, con su educación, herencias culturales, etc. pertenece a una comunidad política y es parte de ella, aunque no esté consciente de ello. Al ser una actividad biológicamente humana no puede existir un ser humano despolitizado, todos seguimos de una manera una u otra una línea política, aún sin pertenecer activamente a un partido político.
El arte y los partidos políticos
Si partimos de la idea de que el ser humano es un animal político, el arte también sería inherentemente político. Tanto es así que ambas actividades afectan a las sociedades. El arte puede mantener tradiciones y el statu quo o transgredir las normas establecidas. El arte puede ser utilizado para distraer y crear un momento de ocio y desconexión de la realidad o, por el contrario, puede crear formas nuevas de pensamiento y comportamiento. Recordemos que en todos los regímenes dictatoriales la actividad artística fue y es duramente sometida y acallada. Por el contrario, también existieron artistas a fines a estos regímenes los cuales son utilizados como medio propagandístico, lo que demuestra que el arte y el artista tienen un poder en las masas, ya sea de incitarlas al pensamiento crítico y a un cambio o mantenerlas pasivas en una determinada dirección social.
Por lo tanto los proyectos artísticos, en cualquiera de sus disciplinas, son un reflejo de la sociedad, pudiendo transmitir un mensaje de cambio y acción social o buscar mantener esquemas sociales o tradicionales. En todos los casos el arte lleva implícito una política, independientemente de pertenecer o no a un partido político, expresa una visión única sobre la estética, valores, problemas personales, sociales y económicos y pueden invitar a otros a ver las cosas desde una perspectiva diferente.
Depende de cada uno de nosotros, ya sea como artista o como público, producir y consumir determinado arte. Esto se refleja también en el ámbito del conocimiento en donde el ser humano puede elegir entre ser un agente activo o en uno pasivo. Aunque, por lo señalado, ser pasivo es ser también activo.
Deja un comentario