No sólo en el arte, sino en todas las actividades, cada acción lograda hoy es algo más que un sueño de ayer hecho realidad. Sin embargo, muy a menudo, abandonamos nuestros sueños y aceptamos imágenes menores más fácilmente obtenibles de nosotros mismos. Una imagen, por cierto, despojada de todo su potencial, reducida a su más bajo común denominador.
Todas nuestras acciones comienzan con sueños y estos sueños son verdaderas metas a las que nuestras almas aspiran. Sabemos esto cuando somos niños; tenemos plena confianza en que un día seremos una actriz, un bailarín, un músico, una filósofa; cualquiera que sea el papel u obra que nos implanten nuestros sueños. Pero entonces las voces de alerta y de conformidad empiezan su campaña: "Sé prudente", "sé realista", nos repiten una y otra vez, y empieza el salto mortal destructor de sueños sobre nuestras motivaciones e impulsos internos, mucho más cuando nos encaminamos hacia un arte.
Usando las armas gemelas del ridículo y del razonamiento estos pensamientos avanzan hacia las barricadas de nuestros sueños y los hacen polvo, dejándonos propósitos sin inspiración, mediocres, aceptables; forzándonos a adoptar una actitud objetiva. Y cuando han pasado suficientes años, nosotros mismos olvidamos la intensidad y realidad de esos sueños de juventud y pensamos en ellos, si es que aún los recordamos, como una mera fantasía infantil. Pero, ¿hemos sido en realidad listos y prudentes? ¿Estamos en verdad siendo prácticos cuando ocultamos las cenizas de nuestros sueños bajo la alfombra de nuestra conformidad?
Quizá sería más realista examinar nuestros anhelos y deseos, usando nuestras energías en la persistente búsqueda de esas metas internas y lanzarnos hacia ese sueño.
Aun si fallásemos en perfeccionar las metas finales, ¿no estaríamos en el camino de la satisfacción personal? El hombre que anhela ser un segundo Beethoven puede que no pase de ser un simple músico, pero esto es más honesto a sus propios anhelos que ignorar ese talento y afanarse en cualquier otra carrera. La mujer que sueña con ser una novelista, quizás no pase más allá de las páginas de su blog, pero al menos está realizando su propio anhelo. Los sueños se logran únicamente cuando se está avanzando hacia la meta que es verdaderamente significativa y relevante para cada persona. Si hemos olvidado nuestros sueños, hemos detenido las fuentes de nuestra creatividad, nos hemos vuelto prudentes en vez de sabios y hemos olvidado que cada logro que ha alcanzado la humanidad ha sido el resultado de alguna persona, o personas, que han perseguido un sueño "no práctico".
Ahora es un buen momento para que examines tu sueño. Nunca es tarde, sácalo y sacúdele el polvo. Si olvidaste lo que era, búscalo en los recodos de tu memoria donde aún debe morar. Si lo has perdido lo puedes encontrar, si lo has enterrado lo puedes desenterrar, es más, lo puedes resucitar. Aprópiate de lo que te fue propio. Imagina tu vida del modo que quieres vivirla, toma tu sueño y míralo, pues en el espejo de ese sueño verás el reflejo del ser que tú podrías ser.
Hernan Ergueta






Deja un comentario