“Si las acciones de un artista son significativas, entonces dibujará detractores”.
Tanto en el arte como en otras aéreas profesionales cada persona encontrará uno o varios “haters”, incluso en etapas más tempranas de la vida. Pero ¿Qué es un “hater”? Es una palabra muy utilizada hoy en día, principalmente en las redes sociales, hace referencia a una persona que odia a otra. Dicho en español sería: un “odiador”. Y la principal forma para mostrar su odio es mediante internet, aunque no únicamente. Llevado a extremos, puede utilizar cualquier medio para agredir o acosar, ya sea de forma verbal, psicológica o física a una persona.
En el ámbito artístico un “Art-Hater” es alguien que desacredita, desvaloriza o minimiza los logros de un artista. Lo puede hacer de forma anónima o con firma y nombre completo, incluso alguna vez podría estar disfrazado de crítica en un blog o medio de comunicación. Como tal, el artista se expone a más personas y, definitivamente, no va a gustar a todas; sin embargo, alguna de estas personas en vez de ignorar esa producción artística, decide dedicar tiempo y energía en odiarle.
La buena noticia es que la aparición de los “haters” es una señal de que el artista, objeto de ese odio, ha alcanzado un cierto nivel de éxito. Si no ha logrado nada, entonces, casi con toda seguridad, nadie le presta suficiente atención como para criticarle u odiarle.
¿Qué es lo que motiva a un “hater” a odiarle?
En un ejercicio de imaginarse a sí mismo de pie en una concurrida calle, mostrando algún tipo de arte, con gente que camina delante, es posible pensar en que habrá algunos que observan por unos segundos y continúan su camino, en que los menos se detienen a felicitar por el trabajo realizado y para alentar o para hacer alguna crítica constructiva. Seguramente, la mayoría pasa de largo, no deja saber si esa obra les gusta o no, simplemente pasan y eso está bien, el mundo es un lugar muy grande. Pero habría un porcentaje mínimo de gente que se detiene, ve ese trabajo y, al parecer, lo odia. Bueno, no solo lo odia y lo desprecia, sino que lo deja saber incluso con comentarios desagradables ¿Por qué? Por ese tipo de arte, por los valores que transmite, por las creencias, por la apariencia, por lo que fuera, siempre hallarán motivos viscerales para alimentar su odio y siempre se podrá deducir sus motivaciones internas, ya sean ideológicas o psicológicas.
Pero hay que tomar en cuenta que nadie que sea psicológicamente saludable y feliz puede odiar a otra persona, a un artista, sea cual fuere su pensamiento, aunque no coincida ideológica o intelectualmente. Hay quien dice que los “haters” son producto de sus propios problemas personales y son gente que en el fondo causan lástima, que nunca hay que prestar atención ni responder al odio, ya que buscan precisamente eso, llamar la atención y afectar a quien es objeto de su sentimiento negativo.
Y no es de extrañar que los “haters” en general no tengan éxito. El artista prefiere pasar de ellos, ya que posiblemente en realidad no le odian a él, sino que se odian a sí mismos, odian su trabajo, odian su vecindario, odian lo que hacen todos los días y están muy lejos de alcanzar sus metas. Esto se traduce en celos, frustración y enojo hacia el artista y a su arte.
No hay una varita mágica para deshacerse de los “haters” ni hay un hechizo para hacer que cambien de opinión. A algunas personas no les gusta ese artista, independientemente de lo que haga. Así es, los odiadores son una especie de norma en la vida de quien hace arte y, no solo eso, si los tiene es porque ha logrado cierto peso. Se podría decir que muchos “haters” equivalen a mucho mayor éxito.
Odiadores anónimos
Internet ha cambiado para siempre la forma en que interactúan las personas. Para los artistas, las redes sociales son un medio muy importante para compartir su obra. Hace varios años atrás, si se quería compartir el arte con las masas, se necesitaba acceder a las corporaciones o medios de comunicación establecidos, quienes fungían como intermediarios entre los artistas y su público. Con internet, este filtro se pierde y se tiene un acceso más personal y directo con los creadores de arte.
Hoy, por medio de las redes sociales se tiene un alcance y acceso incalculable a miles de millones de personas de diversos orígenes y con opiniones muy diferentes. Por lo tanto, un artista tiene oportunidades infinitas de encontrar gente que aprecie su arte y por lo tanto también para gente que lo odie.
Al alcanzar un cierto nivel de éxito, es casi seguro que haya más “haters” que entren en la vida del artista. Estas personas expresan odio por medio de mensajes privados o comentarios públicos en redes sociales, muchos de ellos escritos con palabras todas ellas en mayúsculas, como si estuvieran gritando en la página. La mayoría lleva insultos o falsedades y exageraciones.
Cuando estas personas se comunican en línea, no están interactuando con el artista, están interactuando con una pantalla de computadora y la, mayoría de veces, desde el anonimato con cuentas falsas. Internet es excelente para los ciberacosadores y para difundir su mensaje de odio, ya que éstos no enfrentan a una persona, enfrentan a una pantalla. Este anonimato libera a las personas de sus inhibiciones sociales, permitiéndoles decir algo que casi nunca lo harían en persona.
Odiadores no anónimos y críticos de arte
Recibir malas críticas es una experiencia poco agradable y también es inevitable. Gracias a la tecnología, hoy en día hay críticos de arte por todas partes y, como se dijo, si el artista es más significativo, entonces dibujará más detractores. Si alguien con nombre y apellido hace una crítica dura de una obra puede resultar una situación difícil, ya que, aunque no se quiera aceptar, todo el mundo necesita validación. Generalmente los egos son tan frágiles que en el momento en que alguien les critica, se asume que los están atacando. Pero cuando alguien no está de acuerdo y lo expresa de manera educada y correcta, lo mejor es aprender de ello.
Si los críticos piensan que esa obra es imperfecta, es una cosa; si sus críticas están hechas para destruir y desvalorizar un arte o agredir a tu persona, eso es completamente otra: se trataría de “haters” con nombre y apellido. Así como estas personas odiadoras pueden deprimir al artista, la verdad es que probablemente los artistas “necesiten” de ellos. ¿Por qué? Porque hay una correlación directa entre la cantidad de éxito y la cantidad de odiadores que tiene.
¿Por qué alguien criticaría los logros de los demás? ¿Qué motiva al “hater” a odiar? La respuesta parece simple: la superación personal siempre pone a alguien celoso. El odio es un signo de debilidad, envidia y miedo. Los “haters” odian porque el otro está haciendo lo que ellos no pueden o tienen demasiado miedo de intentar hacer.
Ellos son una parte natural del crecimiento del arte, que expresa una forma de pensar con la que no todos están de acuerdo. Cuando el artista es nuevo, le ignorarán; cuando crece y se le conoce como bueno, habrá críticas; y cuando es excelente, habrá odiadores.
Así, la pregunta podría ser si el artista está dispuesto a ser atacado y criticado como persona para hacer crecer su arte. La crítica y el odio ¿son el precio a pagar? La crítica constructiva sí, siempre, el odio simplemente no tiene sentido.
En todo caso, si un artista tiene “haters” es porque tiene muchos más, y de manera exponencial, amadores, gente que le ama y que resuena al unísono con su arte porque ese arte le transmite formas de ver el mundo y de sentirlo que le llenan. Son estas personas las que impulsan al artista a seguir y en los que el artista debe enfocarse.
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